Este decálogo quiere ser una ayuda para guiar a las personas que viajan a Medjugorje, o a otros lugares de peregrinación, en su experiencia y establecer las principales diferencias entre lo que es ser un turista y un peregrino.
- Abre tu corazón y tu mente para acoger y recibir.
Trata de no cerrarte, deja fuera los prejuicios con los que puedes venir. Es normal que el primer día e, incluso, el segundo, te preguntes qué haces tú en ese lugar, en ese autobús o en un pueblo perdido de Bosnia-Herzegovina: ¿Qué se me ha perdido a mí aquí? O, que pienses que te vas a aburrir y no vas a aguantar una semana en ese pueblo. Además, te puedes encontrar en el grupo de peregrinos con otras personas veteranas en la experiencia y que hablan un “idioma” distinto. Date tiempo, espera paciente y abre tu corazón y tu mente, esto acaba de empezar.
- Haz silencio interior y marca un espacio con todo lo de fuera.
Intenta que estos días sean un espacio en el que las preocupaciones y las ocupaciones diarias no te distraigan de tu experiencia de peregrino. Vacíate de ti mismo, de los miles de “cosas” y de actividades que llenan tu agenda y lo que es peor, tu cabeza y tu corazón. Esta experiencia es un importante encuentro contigo mismo y con Dios.
- Déjate llevar y participa, aunque no lo entiendas o no te apetezca.
El programa de Medjugorje está preparado para guiar al peregrino, participa en el programa de la tarde, en las visitas, en la oración. Sigue los horarios y las actividades del grupo y de la organización porque te ayudarán a “entrar”, casi sin darte cuenta. (Esto tiene que ver con abrir el corazón)
- Actitud de aceptación, humildad y servicio.
Esta es otra de las grandes diferencias entre un turista y un peregrino. Medjugorje, al igual que otros lugares de peregrinación o santuarios, es un lugar con poco espacio para el turismo. Es un pueblo sin muchas atracciones o lugares para visitar desde los ojos de un turista. Es un lugar de llamada, de encuentro interior y de encuentro con Dios. Un lugar para la conversión, desde la humildad, y el lugar, en ese sentido ayuda y mucho. Es importante la actitud de aceptación y no queja. Aunque las condiciones con las que viajamos y vivimos en estos días son muy buenas, siempre desde la perspectiva de alguien que mira con ojos de turista pueden no ser lo que espera de un viaje que es una peregrinación. La distancia desde el aeropuerto hasta Medjugorje es larga, hace calor, en la explanada hay miles de personas y hace más calor. En el hotel somos muchos para hacer el check-in, para comer, etc. El peregrino acoge y acepta. El turista, muchas veces, se queja y genera un ambiente de incomodidad y de distorsión.
- Diálogo y escucha.
En estos días y, si vas siguiendo estos pasos (recuerda, corazón y mente abierta) todo te va conduciendo a ese encuentro, a esa conversión. Medjugorje siempre es una nueva conversión, un nuevo descubrimiento en nuestra relación personal con Dios. Pues bien, es importante aprovechar para escuchar y para dialogar. Para escuchar desde las catequesis de la mañana, las homilías de la tarde, las conversaciones de los peregrinos, las de nuestro grupo más cercano y las de otros peregrinos. Escuchar el silencio respetuoso de las Adoraciones eucarísticas y los cánticos llenos de alegría y de verdad. Todo son testimonios y experiencias de vida que pueden ayudarnos en nuestro peregrinar. Abrirse al diálogo también puede ser una gracia. Un diálogo abierto y sincero, desde el corazón.

- Mirar con los ojos del corazón.
Una de las cosas que aprendemos en Medjugorje es a mirar con los ojos del corazón. Desde ahí descubrimos la belleza del lugar, de los montes áridos, difíciles, y llenos de piedras pero que se convierten en una metáfora de muchas situaciones de nuestras vidas. Aprendemos a ver la alegría en las miradas limpias y transparentes de los peregrinos, de las personas que dan sus testimonios, de los jóvenes de las comunidades como Cenáculo. Aprendemos a descubrir la verdadera alegría en la sonrisa sencilla y humilde de las personas que participan de las jornadas y que están abarrotando los bancos de la explanada. O en los ojos que ven a Jesús en la Eucaristía. La mirada desde el corazón es una mirada diferente, que entiende, medita y acoge.

- A rezar se aprende rezando.
El camino se hace andando y a rezar aprendemos rezando. Esto puede servir a los peregrinos que van por primera vez a Medjugorje o a otro lugar mariano o, en cualquier experiencia de retiro. Pero, también, nos sirve a todos los que seguimos aprendiendo a rezar, cada año o en nuestra experiencia diaria de relación personal con Dios. La oración es la base de la relación y del conocimiento de Dios. No puedes querer a alguien que no conoces. A veces, podemos sentirnos frustrados porque no sentimos nada en nuestra oración o porque nos aburrimos o porque no sabemos ni por dónde empezar. Rezar no precisa muchas veces de una acción, hay que ponerse en presencia de Dios y esto, en ocasiones, es simplemente dejarse mirar por Él, escuchar, dejarse acompañar, reconocer a Jesús en la Eucaristía, como presencia viva. Otras veces, es confiar en que él nos escucha y nos guía y que, sin duda, nos ha invitado a venir y nos ha traído de la mano de su Madre.
- No busques fenómenos “sensoriales”. El gran fenómeno es la conversión.
El gran fenómeno de Medjugorje es la conversión del corazón, de todos los que tenemos la suerte de vivir allí una experiencia de lo que es ser Iglesia y ser una comunidad de fe. La palabra que utilizaban los griegos para conversión es Metanoia que quiere decir más allá de nuestra mente, de nuestra mentalidad o comprensión. Esto supone una transformación profunda de nuestra mentalidad, y de nuestro corazón para poder cambiar nuestra voluntad y manera de actuar.
Medjugorje es el ejemplo de lo que es una “Parroquia”, de cómo se vive y se comparte la vida cotidiana, vivida en comunidad y en torno a los sacramentos. El centro de Medjugorje es la vivencia de la Eucaristía y el encuentro personal con Dios en la oración. Son pilares fundamentales: la celebración diaria y compartida de la santa Misa, la confesión, como el sacramento de la reconciliación y la Adoración Eucarística. La Virgen escogió Medjugorje como un lugar de gracia, por eso las apariciones, son un vehículo para llevarnos a Dios a través de Ella. Pero son un medio, nunca un fin que nos pueda distraer de lo que, de verdad, sucede en Medjugorje y de la verdadera finalidad que es llevarnos a conocer lo que es la vida en Dios. A Medjugorje no se va a ver ningún fenómeno sensorial, ni paranormal, aunque, por supuesto, Dios concede las gracias que Él considera oportunas a cada uno. Pero todo aquello que es sensorial o emocional está más en la “superficie”. Se trata de experiencias más efímeras que impactan en nuestros sentidos Aquello que cambia nuestras vidas es lo que llega dentro de nosotros y “nos remueve” y eso sí que es un fenómeno. No busques fuera, no te distraigas.
- Empáchate y carga pilas.
A medida que van pasando los días, se empieza a saborear con mayor profundidad cada momento, cada oración, cada Ave María del Rosario, las conversaciones, los paseos hasta la Iglesia, las colas de los confesionarios. A veces pueden parecer demasiados tantos Rosarios, Misas, oraciones, experiencias, pero piensa que son “vitaminas” para seguir viviendo y saboreando durante todo el año. Estos días es bueno “empacharse” de oración y de vivencias interiores que, sin duda, volverán a nosotros en muchos momentos cotidianos, para rescatarnos de algunas situaciones del día a día, de la aridez o de la falta de voluntad a la que nos enfrentamos.
- Comparte. Tu paso por Medjugorje se tiene que notar.
El paso por Medjugorje, con el corazón abierto, se nota y mucho. Los primeros días de vuelta, cuesta volver a la realidad cotidiana, parece que estás en una nube. La fe se vive, se comparte, se contagia, es transferible. Si tú has tenido la suerte, más bien, la gracia de estar en Medjugorje, comparte lo que allí has podido vivir y experimentar. Dios se sirve de cada uno de nosotros para llegar a los demás, para invitar y para acercarse. Lo que no se comparte se debilita y se va apagando. Recuerda que “…De lo que rebosa nuestro corazón habla nuestra boca”.








Estudié filosofía y desde siempre tuve un gran interés por las Apariciones Marianas.
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